Una historia que también se cuenta con las manos
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La Biblioteca "José Faustino Sánchez Carrión" - DDC- Ayacucho, volvió a convertirse en un lugar donde las historias no solo se leen, sino que también se miran, se escuchan y se cuentan con las manos.
Ayacucho, 26 de setiembre del 2026
En el marco del Día Internacional de las Personas Sordas y de la promoción de la lengua de señas, niñas y niños del Club de Lectura de Bibliotecas Ayacucho participaron de una jornada de lectura y encuentro junto a estudiantes, intérpretes de lengua de señas y modelos lingüísticos Marisela Huamani Quispe y Cinthia Oncebay mendoza del SEBE San Juan de Dios vinculados a la educación y la inclusión.
La actividad fue desarrollada en coordinación con la maestra Yenhy Natali Aguilar Valdez, sus estudiantes y un grupo de intérpretes de lengua de señas, quienes compartieron con los pequeños lectores una experiencia que tuvo en la lectura su punto de partida y en la comunicación su principal descubrimiento.
Durante la jornada, la biblioteca dejó por unas horas de ser solamente un lugar de libros para convertirse en un espacio de conversación entre distintas formas de comunicarse. Las historias fueron acompañadas por dinámicas, gestos, movimientos y señas que permitieron a las niñas y niños aproximarse de una manera lúdica a la comunicación de las personas sordas.
La primera historia fue “Las brujas de Cachiche”, relato que permitió iniciar las dinámicas de animación a la lectura y despertar la imaginación de los participantes. Después llegó “¿Qué animal quieres ser?”, una invitación a jugar con los personajes, los animales y las posibilidades de expresarse a través del cuerpo.
Pero quizá el momento más especial fue el encuentro con “Donde viven los monstruos”, de Maurice Sendak. A través de esta historia, las niñas y niños pudieron explorar el miedo, la imaginación y la aventura, mientras descubrían que un cuento también puede ser narrado sin necesidad de pronunciar una sola palabra.
A lo largo de la actividad, los participantes aprendieron algunas señas fundamentales para comunicarse: “gracias”, “buenos días” y “hasta luego”. Gestos aparentemente sencillos que, en las manos de los niños, adquirieron otro significado: el de acercarse al otro y reconocer que existen distintas maneras de decir y de contar.
Los niños observaron, imitaron, jugaron y descubrieron que sus manos también podían convertirse en personajes, palabras y relatos. La biblioteca se llenó entonces de movimientos, miradas y sonrisas, en una experiencia en la que la comunicación dejó de depender exclusivamente de la voz.
Más que una actividad puntual, el encuentro recordó que la inclusión también puede construirse desde espacios cotidianos como una biblioteca. Un libro puede abrir una conversación, una historia puede acercar a quienes se comunican de distintas maneras y una seña puede convertirse en el primer gesto de un encuentro.
Aquella mañana, entre cuentos, juegos y señas, las niñas y niños del club descubrieron algo sencillo y poderoso: hay historias que se leen con los ojos, se escuchan con el corazón y también pueden contarse con las manos.
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