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El Bibliotecario, un arquitecto de Patria en tiempos de crisis
En un país marcado por profundas brechas educativas, desigualdades sociales y una crisis de sentido colectivo, la biblioteca ya no puede concebirse únicamente como un depósito de libros. En el Perú, donde la educación pública enfrenta desafíos estructurales y la cultura es frecuentemente marginada en las agendas políticas, el bibliotecario emerge no como un custodio silencioso, sino como un agente transformador: promotor de pensamiento crítico, tejedor de memoria histórica y constructor de ciudadanía consciente. Desde nuestra identidad como organización comprometida con la educación libre, la recuperación de espacios culturales y la formación de niños, jóvenes y adultos, reconocemos en la figura del bibliotecario peruano una pieza fundamental para la reconstrucción ética y cultural de la nación.
En tiempos de crisis, cuando la desinformación se expande y la indiferencia amenaza la cohesión social, las bibliotecas públicas y escolares se convierten en refugios de dignidad intelectual. No solo ofrecen acceso al conocimiento, sino que abren puertas al diálogo, a la imaginación y a la autonomía del pensamiento. Como afirmara el filósofo Immanuel Kant, “Sapere aude” (“¡Atrévete a saber!”) —la ilustración nace cuando cada individuo piensa por sí mismo—. Y es en la biblioteca donde ese mandato cobra vida. En ella, un niño de barrio marginal puede conocer a Sócrates tanto como un estudiante universitario; allí, una madre puede descubrir los derechos de su hija a través de un cuento; allí, un joven puede cuestionar los relatos hegemónicos y reescribir su historia.
En este sentido, la labor del bibliotecario escolar y del bibliotecario público va mucho más allá de clasificar, prestar o archivar. Se requiere de ambos una mirada pedagógica, una sensibilidad social y una ética del cuidado. El bibliotecario escolar no solo debe fomentar la lectura, sino enseñar a leer el mundo: a distinguir fuentes, a cuestionar discursos, a vincular el conocimiento con la justicia. El bibliotecario público, por su parte, debe convertir su espacio en un ágora contemporánea, donde se debatan ideas, se recuperen saberes ancestrales y se teja comunidad. Ambos son, en esencia, educadores sin aula, formadores de ciudadanos libres.
El Perú ha tenido, en su historia, figuras ilustres que entendieron la biblioteca no como un lujo, sino como un acto de soberanía cultural. Ricardo Palma, director de la Biblioteca Nacional del Perú tras la devastación de la Guerra del Pacífico, no se limitó a reconstruir estantes: reconstruyó la memoria nacional. En sus propias palabras: “Donde hay un libro, hay un mundo”. Palma supo que sin libros no hay historia, y sin historia no hay pueblo. Su labor fue, en sí misma, un acto de resistencia contra el olvido.
Por su parte, Manuel González Prada, también vinculado a la Biblioteca Nacional, no solo fue un pensador radical, sino un bibliotecario que entendió que la cultura debe servir para transformar, no para adornar. Denunció la hipocresía de una élite que leía a los clásicos mientras oprimía a su pueblo. Su célebre frase —“Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra”— sigue resonando como un llamado a renovar no solo las instituciones, sino las conciencias. González Prada creía que la educación debía formar seres críticos, justos y libres; y que las bibliotecas eran el primer frente de esa batalla.
Estos intelectuales no vieron en la biblioteca un refugio pasivo, sino un campo de acción ética y política. Ellos entendieron, como lo diría Paulo Freire, que “nadie educa a nadie, nadie se educa solo, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo”. Y ese “mundo”, en buena medida, se construye con los libros que circulan, con las preguntas que se hacen y con los espacios que se defienden.
Formar ciudadanía, construir patria
En un contexto donde la desconfianza en las instituciones crece y el individualismo erosiona lo público, formar ciudadanía es una urgencia patriótica. Pero una ciudadanía no se forma con consignas vacías, sino con herramientas: acceso al conocimiento, capacidad crítica, empatía histórica y compromiso con lo colectivo. Aquí radica el rol insustituible del bibliotecario: no solo abre puertas a libros, sino a mundos posibles. En sus manos está la posibilidad de cultivar un amor por la verdad, un rechazo a la injusticia y una fidelidad al bien común.
Los grandes filósofos de la humanidad —desde Séneca, que decía que “no es porque las cosas sean difíciles que no nos atrevemos, sino que no nos atrevemos porque son difíciles”, hasta María Zambrano, quien defendía la razón poética como camino hacia la justicia— coinciden en que el conocimiento sin conciencia es peligroso, pero la conciencia sin conocimiento es impotente. El bibliotecario, entonces, debe ser el puente entre ambos.
En conclusión, el Perú actual, azotado por la fragmentación social y la crisis educativa, necesitamos bibliotecarios que no teman ser maestros de preguntas, guardianes de la memoria y sembradores de esperanza. Necesitamos que las bibliotecas escolares dejen de ser almacenes olvidados y se conviertan en laboratorios de pensamiento; que las bibliotecas públicas se abran como espacios vivos, donde la diversidad hable, cante y crea.
Como organización que cree en la educación libre y en la recuperación de lo público, reivindicamos al bibliotecario no como funcionario, sino como compañero de ruta en la construcción de una patria más justa, crítica y humana. Porque, como bien lo supieron Palma y González Prada, una nación que lee, piensa; y una nación que piensa, se libera.
Y en esa liberación —ética, intelectual y colectiva— reside el verdadero sentido de construir patria.
Fuentes Bibliográficas:1. González Prada, M. (1944). Páginas libres y Horas de lucha. Buenos Aires: Editorial Losada.— De esta obra se extrajeron reflexiones sobre la crítica social, la renovación generacional y el papel de la educación en la transformación del país, incluida la célebre frase: “Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra”. 2. Palma, R. (1923–1925). Tradiciones peruanas (6 vols.). Lima: Imprenta y Librería Sanmartí.— Se tomó como referencia el compromiso de Palma con la reconstrucción cultural del Perú tras la Guerra del Pacífico y su labor al frente de la Biblioteca Nacional. La cita “Donde hay un libro, hay un mundo” es atribuida a su pensamiento, ampliamente difundida en discursos sobre su legado cultural. 3. Constitución Política del Perú (1993). Artículo 2, incisos 22 y 24; Artículo 17.— Reconoce el derecho a la educación, al acceso a la cultura y a la información. 4. Ley N.º 28814 – Ley del Libro y la Lectura (Perú, 2006). — Establece el marco normativo para el fomento de la lectura, el acceso al libro y el rol de las bibliotecas públicas como espacios de democratización del conocimiento. 5. UNESCO. (1994). Recomendación sobre el desarrollo de bibliotecas públicas. Conferencia General, 28ª reunión. París. — Documento internacional que define las bibliotecas públicas como agentes esenciales para la educación permanente, la cultura democrática y la inclusión social. 6. Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI Editores. — Se retoma su enfoque sobre la educación como práctica de libertad y la idea de que el conocimiento es un acto dialógico y colectivo. 7. Kant, I. (1784). Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? En: Berliner Monatsschrift. — De aquí proviene el lema ilustrado “Sapere aude” (“¡Atrévete a saber!”), central para la defensa del pensamiento autónomo. 8. Séneca, L. A. (s.f.). Cartas a Lucilio (trad. de J. L. Vílchez). Madrid: Gredos. — Se cita su reflexión sobre el valor del coraje intelectual frente a la dificultad. 9. Zambrano, M. (1989). El hombre y lo divino. Madrid: Siruela. — Se alude a su concepto de “razón poética” como vía hacia una comprensión ética del mundo. 10. Ministerio de Cultura del Perú – Dirección del Libro y la Lectura. (2021). Política Nacional del Libro y la Lectura 2021–2030. Lima. — Refuerza la visión de las bibliotecas como espacios de formación ciudadana, equidad y desarrollo cultural. 11. Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). (2019). Las bibliotecas escolares como centros de aprendizaje inclusivos y democráticos. Madrid. — Proporciona lineamientos sobre el rol pedagógico del bibliotecario escolar en contextos de crisis social y educativa. 12. Biblioteca Nacional del Perú. (s.f.). Historia institucional. Recuperado de: https://www.bnp.gob.pe — Fuente de datos históricos sobre la gestión de Ricardo Palma y otros directores en la reconstrucción del acervo nacional.




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